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¿Cómo hacer una prueba de ADN con una persona fallecida?

  • 28 mar 2024
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 26 mar

Realizar una prueba de ADN con una persona fallecida es posible en determinadas situaciones, pero el resultado depende sobre todo de la calidad de la muestra disponible. Cuando puede obtenerse una muestra reciente y bien conservada, el análisis de parentesco tiene más posibilidades de ofrecer una respuesta fiable. En cambio, si han pasado muchos años desde el fallecimiento o los restos están degradados, el perfil genético puede ser parcial o insuficiente.


una prueba de ADN con una persona fallecida

En la mayoría de pruebas de parentesco, la opción más sencilla sigue siendo el hisopo bucal con saliva. Sin embargo, cuando esa muestra ya no puede recogerse porque la persona ha fallecido, algunos laboratorios pueden trabajar con muestras no estándar, como uñas, sangre seca, cerumen o determinados objetos de uso personal.


Buscar primero muestras que pertenecían a la persona fallecida


Antes de plantear procedimientos más complejos, lo más razonable es intentar recuperar muestras que realmente hayan pertenecido al difunto. Esta suele ser la vía más simple, la menos invasiva y, en muchos casos, la más rápida.


El tipo de muestra utilizable dependerá de tres factores:

  • su estado de conservación,

  • el tiempo transcurrido desde la muerte,

  • y las condiciones en las que se ha almacenado.

Si el fallecimiento ocurrió hace varios años, es frecuente que el ADN esté degradado y que el laboratorio solo obtenga un perfil genético incompleto.


Muestras que pueden utilizarse


Entre las muestras que a veces pueden servir para este tipo de análisis se encuentran:

  • cabellos con raíz,

  • recortes de uñas,

  • manchas de sangre en ropa o vendajes,

  • cerumen en bastoncillos,

  • dientes,

  • maquinilla de afeitar,

  • cepillo de dientes.


Cuando existen varias muestras posibles, conviene enviarlas todas al laboratorio. En las pruebas post mortem, la extracción de ADN puede requerir varios intentos y no siempre se consigue una huella genética completa al primer análisis.


Si la finalidad es confirmar una filiación, también puede ser útil consultar una prueba de paternidad fiable y confidencial, para entender cómo se compara el ADN entre familiares y qué nivel de fiabilidad puede esperarse según los participantes disponibles.


Consentimiento familiar y marco legal


El uso de muestras de una persona fallecida no debe tratarse como una simple prueba privada. En la práctica, el laboratorio suele pedir documentación que permita acreditar el vínculo familiar y el fallecimiento de la persona.

Por regla general, el consentimiento lo aportan los familiares más próximos, salvo que exista una instrucción escrita dejada por la persona antes de morir. Cuando el análisis forma parte de un procedimiento forense o judicial, puede ser necesaria una autorización específica de la autoridad competente.


En España, además, las actuaciones sobre cadáveres y restos humanos están sujetas a autorización y control administrativo dentro del marco de la normativa de policía sanitaria mortuoria, lo que refuerza la necesidad de actuar siempre con el laboratorio y, cuando proceda, con la vía legal adecuada.


¿Qué muestras pueden tomarse directamente del cuerpo?


Si la toma se realiza poco después del fallecimiento, las probabilidades de recuperar ADN útil suelen ser más altas. Cuanto más avanza la descomposición, más difícil resulta obtener una muestra viable.


Uñas y cabello con raíz

Las uñas y los cabellos o pelos con folículo pueden recuperarse sin una degradación visible inmediata. Además, son relativamente fáciles de extraer y conservar durante un tiempo razonable antes del análisis.


Huesos y dientes

Los huesos son una de las muestras más valiosas para preservar ADN, especialmente cuando todavía contienen médula ósea en condiciones aprovechables. En muchos casos, los dientes también ofrecen muy buen material genético, ya que la raíz puede proteger ADN durante bastante tiempo.


Sangre

En algunos contextos funerarios puede haberse conservado una muestra de sangre durante un periodo limitado. Su utilidad dependerá del tiempo transcurrido y de cómo se haya almacenado. Cuanto más seca o degradada esté, menos fiable será para el análisis.


Muestra antes del entierro

Cuando se prevé la necesidad de una prueba de ADN, puede contemplarse la toma de una muestra de control antes del entierro. Esta opción debe hacerse con rapidez, ya que el embalsamamiento puede alterar la calidad del material genético y dificultar el análisis posterior.


Exhumación para una prueba de ADN

La exhumación consiste en extraer el féretro o los restos de una sepultura o nicho. Puede abrir la posibilidad de recuperar ADN, pero no debe presentarse como una solución simple ni garantizada.

Se trata de un procedimiento que puede ser:

  • largo,

  • costoso,

  • administrativamente sensible,

  • y emocionalmente difícil para la familia.


Además, cuanto más antigua sea la inhumación, menor será la probabilidad de encontrar muestras válidas. También hay que tener en cuenta las exigencias legales, sanitarias y, en algunos casos, religiosas.


En España, la exhumación de cadáveres, restos humanos o restos óseos está sujeta al control de la autoridad sanitaria competente, con autorización o comunicación previa según lo que establezca cada comunidad autónoma. Una referencia útil para contextualizar este punto es la Guía de consenso sobre sanidad mortuoria del Ministerio de Sanidad.


¿Se puede hacer una prueba de ADN con cenizas incineradas?


La prueba de ADN con cenizas es una de las consultas más frecuentes, pero también una de las más delicadas. La cremación expone los restos a temperaturas muy elevadas, y ese calor suele destruir el ADN necesario para el análisis.


Por eso, las cenizas incineradas ofrecen muy pocas probabilidades de obtener un resultado preciso. En algunos casos excepcionales, podría existir un fragmento parcialmente aprovechable, por ejemplo un resto óseo no completamente alterado, pero sigue siendo una posibilidad limitada y no una garantía real.

También hay un punto práctico importante: la muestra enviada al laboratorio se utiliza durante el análisis y normalmente no puede devolverse. Eso significa que, si el ensayo falla, quizá no sea posible repetirlo con la misma muestra.


A modo orientativo, algunos laboratorios pueden solicitar una cantidad elevada de material, por ejemplo:

  • entre 2500 y 3000 gramos para un hombre adulto,

  • entre 1800 y 2000 gramos para una mujer adulta.

Si quieres profundizar en este caso concreto, puede ser útil enlazar con el artículo sobre prueba de ADN con cenizas o restos humanos, que desarrolla específicamente las limitaciones de este tipo de muestra.


La reconstrucción familiar: la alternativa cuando no hay muestra directa


Cuando no existe ninguna muestra utilizable del fallecido, o cuando las disponibles no permiten obtener un perfil genético suficiente, la alternativa más sólida suele ser una prueba de reconstrucción familiar.


Este enfoque consiste en comparar el ADN de los familiares biológicos más cercanos para reconstruir, en la medida de lo posible, el perfil genético de la persona ausente.


Familiares que pueden participar

Según el caso, pueden intervenir:

  • abuelos,

  • padres,

  • tíos y tías,

  • hermanos y hermanas,

  • sobrinos y sobrinas,

  • nietos.


Cuanto más próximos sean los familiares analizados, mayor será la cantidad de ADN compartido y más útil podrá ser la comparación.

Por ejemplo, en una investigación de paternidad con un presunto padre fallecido, las pruebas con abuelos paternos, hermanos o familiares avunculares pueden resultar especialmente valiosas.


Para quienes están en una situación de búsqueda familiar más amplia, también puede encajar un contenido como encontrar a un pariente desconocido con una prueba de ADN, sobre todo cuando la investigación no puede hacerse con una muestra directa del fallecido.


Conclusión


Sí, hacer una prueba de ADN con una persona fallecida puede ser posible, pero la viabilidad del análisis depende casi siempre de la muestra disponible. Lo más eficaz suele ser buscar primero objetos o restos biológicos que hayan pertenecido a la persona. Si eso no basta, pueden valorarse muestras tomadas del cuerpo, la exhumación en situaciones justificadas o, como alternativa, una reconstrucción genética con familiares cercanos.


La clave está en actuar rápido, reunir el mayor número posible de muestras útiles y consultar con un laboratorio acostumbrado a trabajar con ADN post mortem. Cuanto mejor se prepare el caso desde el principio, más opciones habrá de obtener un resultado interpretable.

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